A través de la CDR (Capture Dioxide Removal), queremos reducir las contaminaciones de CO₂ atmosférico; para ello, necesitamos saber la capacidad de captura, los costes y riesgos de la operación. En el décimo capítulo del informe “The State of Carbon Dioxide Removal, 3rd Edition” encontramos el análisis de cuanto CO₂ podrían remover los distintos métodos de captura y a qué costes aproximados, mostrando que existen grandes rangos de incertidumbre, pero también un conjunto de métodos con potencial significativo para contribuir a los objetivos climáticos, cada uno con perfiles muy distintos de coste, capacidad y riesgos.
La intención no es fijar cifras definitivas, sino organizar la información disponible en términos de rangos de costes por tonelada removida y potenciales anuales sostenibles, explicando por qué esas cifras varían tanto según los supuestos sobre durabilidad del almacenamiento, límites de sostenibilidad en tierra, agua o energía, diseño de las cadenas de valor y contexto geográfico en el que se despliega la CDR.
Rangos de costes y potenciales
El capítulo destaca desde el principio que los costes estimados para la CDR abarcan un espectro muy amplio, desde menos de 10 dólares por tonelada hasta más de 1.000 dólares por tonelada de CO₂ removido, y que para la mayoría de los métodos los límites superiores de coste superan los 200 dólares por tonelada, es decir, están por encima de los precios de carbono observados en la mayoría de mercados actuales. Del mismo modo, los potenciales estimados muestran dispersión: para varios métodos, los rangos inferiores más fiables se sitúan alrededor de 1 GtCO₂ al año o menos, mientras que los rangos superiores se extienden a varias gigatoneladas, aunque estos valores altos suelen depender de supuestos optimistas sobre disponibilidad de recursos y aceptación social. Las fuentes de incertidumbre que se discuten incluyen la poca madurez tecnológica y comercial de algunos métodos novedosos, la diversidad de escenarios de despliegue considerados en la literatura, la falta de consenso respecto a exigencias mínimas de durabilidad y la heterogeneidad en la forma de contabilizar co‑beneficios y efectos adversos.
Métodos convencionales: costes bajos y límites de sostenibilidad
En cuanto a los métodos convencionales basados en la tierra, como la aforestación y reforestación, la gestión forestal, el secuestro de carbono en suelos agrícolas y de pastizales o la restauración de humedales y turberas, el informe concluye que sus costes por tonelada tienden a ubicarse en la banda baja y media del espectro, a menudo en decenas de dólares por tonelada, sobre todo cuando se aprovechan sinergias con otros objetivos como restauración ecológica, mejora de productividad o reducción de erosión. Estos métodos pueden ofrecer potenciales significativos a corto y medio plazo, en especial si se reforman las prácticas de uso de la tierra y se disminuyen las emisiones vinculadas a deforestación y degradación. Sin embargo, el capítulo insiste en que su expansión está limitada por la disponibilidad de tierra y por la competencia con otros usos, como la producción de alimentos, la conservación de biodiversidad y las necesidades de asentamientos humanos, y subraya la vulnerabilidad de estos almacenes frente a la reversibilidad, ya que incendios forestales, plagas o cambios de política pueden liberar de nuevo parte del carbono almacenado.
Por todo ello, aunque la CDR convencional es hoy esencial y relativamente barata en muchos contextos, el capítulo advierte que no se puede asumir que se podrá escalar indefinidamente sin entrar en conflicto con otros objetivos de sostenibilidad. Cuando se habla de potencial de estos métodos, se propone distinguir claramente entre potencial técnico teórico, que suele ser muy alto, y potencial sostenible, que incorpora restricciones de uso de la tierra, conservación de biodiversidad y respeto a derechos y medios de vida de las comunidades.
Métodos novedosos: costes altos, durabilidad y requisitos de recursos
En el caso de los métodos novedosos de CDR, como la bioenergía con captura y almacenamiento de carbono, la captura directa de CO₂ del aire con almacenamiento geológico, la meteorización mejorada, el biochar aplicado a suelos, los productos minerales que almacenan carbono de forma duradera o el enterramiento de biomasa, los rangos de costes son en general más elevados y las incertidumbres son mayores. El capítulo muestra que, en la mayoría de estudios, BECCS y DACCS se sitúan hoy en bandas de coste de varios cientos de dólares por tonelada, aunque algunos análisis anticipan reducciones importantes si se despliegan a gran escala y se activan efectos de aprendizaje y economías de escala. La meteorización mejorada y los productos minerales presentan costes muy sensibles a factores como la distancia entre minas y lugares de aplicación, el tipo de roca utilizada o el mix energético empleado, lo que produce rangos que pueden solaparse con BECCS o DACCS, mientras que biochar suele aparecer con costes algo más bajos y con perfiles de co‑beneficios relevantes en agricultura, pero también con limitaciones en disponibilidad de biomasa sostenible.
Durabilidad del almacenamiento y riesgos asociados
El informe pone énfasis en que muchos de estos métodos novedosos ofrecen formas de almacenamiento de carbono con durabilidades de siglos o milenios, como el almacenamiento geológico en formaciones profundas o la mineralización en rocas y materiales de construcción, lo que los hace especialmente valiosos para compensar emisiones fósiles residuales difíciles de eliminar por otros medios. Sin embargo, también advierte que el despliegue masivo de estos métodos implica grandes demandas de energía, infraestructura, minerales, agua y capacidades técnicas, y que todavía se está estudiando hasta qué punto esos requerimientos son compatibles con otros objetivos de sostenibilidad. Por ejemplo, DACCS necesita grandes cantidades de energía eléctrica y térmica, de modo que un despliegue sin una base de energía de baja huella de carbono podría reducir o incluso anular las remociones netas, y la expansión de BECCS podría competir por tierras y biomasa con la producción de alimentos y con la conservación de ecosistemas si no se diseña con salvaguardas estrictas.
Una parte importante del capítulo se dedica a explicar por qué las estimaciones de costes y potenciales difieren tanto entre estudios y se identifican varias causas. Se señala que hay diferencias en los límites de sistema usados en los análisis de ciclo de vida, ya que algunos trabajos incorporan solo las etapas directamente asociadas al proyecto de CDR mientras otros incluyen también emisiones y costes upstream y downstream. También se destaca que hay supuestos distintos sobre la durabilidad mínima y la gestión del riesgo de reversión, que influyen en cómo se valora económica y climáticamente cada remoción, y que los escenarios de despliegue parten de bases muy diferentes, por ejemplo, considerar BECCS solo en plantas de residuos agrícolas frente a imaginar grandes plantaciones dedicadas de biomasa o suponer DACCS alimentado por electricidad renovable frente a electricidad de origen fósil. El capítulo concluye que estas diferencias metodológicas generan rangos amplios y que es necesario armonizar criterios y mejorar la transparencia para que las comparaciones entre estudios sean más robustas.

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