Entendemos que hay distintos tipos de soluciones para reducir las emisiones de CO₂; por ello, al leer el primer capítulo de la tercera edición del informe “The State of Carbon Dioxide Removal”, vemos con más claridad la importancia y la necesidad del CDR (Carbon Dioxide Removal).
¿Por qué necesitamos la CDR?
La captura de dióxido de carbono atmosférico (CDR) se define como el conjunto de actividades humanas que capturan CO₂ directamente de la atmósfera y lo almacenan de forma duradera en reservorios geológicos, terrestres, oceánicos o en productos, y se presenta como un complemento imprescindible —aunque nunca sustituto— de la reducción acelerada de emisiones. Según los escenarios compatibles con el Acuerdo de París, al menos el 80% del esfuerzo para alcanzar cero emisiones netas procede de la reducción directa de emisiones, mientras que el resto requiere desplegar CDR a escala de gigatoneladas. El informe recuerda que vivimos ya los impactos directos de un clima cambiante, con años individuales superando temporalmente el umbral de 1,5 °C, y sitúa la CDR en el corazón de la arquitectura del Acuerdo de París y del primer Global Stocktake adoptado en la COP28. La Presidencia de la COP30 ha anunciado el desarrollo de dos roadmaps para operacionalizar las decisiones de Dubái, y se anticipa que la CDR será instrumento clave para gestionar emisiones residuales y el “carbono heredado” acumulado tras décadas de uso intensivo de combustibles fósiles, sin convertirse en coartada para retrasar la descarbonización ni justificar prácticas insostenibles.
Métodos de CDR: naturaleza e innovación tecnológica
El capítulo diferencia entre “CDR convencional” —basada en bosques y suelos mediante reforestación, restauración de ecosistemas y manejo que aumenta el carbono orgánico del suelo— y “CDR novedosa”, que integra tecnologías emergentes como biochar, aumento de alcalinidad oceánica, meteorización mejorada de minerales y captura directa de aire con almacenamiento geológico (DACCS). Cada familia presenta perfiles muy distintos en costes, potencial de eliminación, madurez tecnológica, riesgos de reversión y aceptación social. Los costes estimados varían desde menos de 10 USD/tCO₂ en determinadas soluciones basadas en la naturaleza hasta más de 1000 USD/tCO₂ en tecnologías de alta complejidad, con límites superiores en torno a 200 USD/tCO₂ para la mayoría de métodos, a menudo por encima de los precios actuales del carbono, lo que evidencia la necesidad de políticas específicas y apoyo público para escalar la CDR. El potencial técnico muestra rangos amplios, pero los valores inferiores más robustos se sitúan alrededor de 1 GtCO₂/año por método, condicionados por sostenibilidad, recursos y durabilidad.
Costes, potenciales y fuentes de incertidumbre
La incertidumbre en costes y potenciales se vincula a la limitada base empírica de tecnologías emergentes y a diferencias en los límites de sistema (qué se incluye en el balance de energía y materiales y cómo se tratan co‑beneficios y daños colaterales). Para responsables de política y empresas, esta heterogeneidad implica que las decisiones de inversión deben apoyarse en análisis transparentes, comparables y metodológicamente robustos, evitando comparaciones simplistas entre tecnologías que operan en contextos distintos.
Una parte central del capítulo aborda la durabilidad del almacenamiento de carbono y los riesgos de reversión. Como el CO₂ fósil tiene vida muy larga en atmósfera y océanos, la contribución climática de cualquier proyecto depende no solo de la cantidad capturada, sino de la estabilidad del sumidero en escalas de tiempo relevantes. Se contrasta la reversibilidad de los sumideros biológicos —bosques expuestos a incendios, plagas o cambios de uso del suelo, suelos vulnerables a malas prácticas agronómicas— con la mayor estabilidad de reservorios geológicos profundos y ciertos productos minerales de larga vida útil. La literatura muestra que la CDR basada en sumideros temporales puede ayudar a reducir el pico de calentamiento en escenarios bien por debajo de 2 °C, pero la dependencia excesiva de almacenamiento frágil aumenta riesgos climáticos y de gobernanza. Por ello, se aboga por estrategias de CDR que incorporen mecanismos para gestionar durabilidad y reversión, como buffers de carbono, seguros o reglas que distingan claramente entre almacenamiento temporal y permanente. Esta diferenciación evita mezclar créditos de distinta calidad climática en mercados de carbono, generando falsas ilusiones de neutralidad.
CDR política internacional y justicia climática
El informe subraya la importancia de integrar criterios de justicia climática en el diseño de estándares y mercados de CDR. Bien diseñados, los mecanismos de mercado pueden transferir financiación y tecnología del Norte al Sur Global, recompensando proveedores de soluciones innovadoras y comunidades locales por conservar ecosistemas. Sin salvaguardas robustas, pueden profundizar desigualdades, desplazar comunidades o incentivar proyectos que prioricen volumen de créditos frente a biodiversidad y derechos humanos.
El capítulo conecta la discusión técnica con la política climática internacional, partiendo de la brecha identificada por el Global Stocktake entre compromisos y acciones efectivas. Argumenta que la CDR debe integrarse en estrategias nacionales como complemento a la mitigación, pero nunca como sustituto de la descarbonización profunda en todos los sectores. El foco sigue siendo reducir emisiones, acelerar la transición energética y proteger y restaurar la naturaleza —bosques, humedales y ecosistemas marinos—, mientras la Presidencia de la COP30 (Brasil) prepara dos roadmaps para pasar de promesas a implementación tangible, equitativa y duradera. Se advierte que no podemos depender exclusivamente de tecnologías inciertas o prácticas insostenibles “en nombre” de la CDR, sino articularla combinando “sabiduría de la conservación y la justicia” con “la promesa de la innovación”, creando sinergias entre enfoques convencionales y métodos tecnológicos de alta durabilidad.
En gobernanza, se insiste en que armonizar los métodos de contabilidad de carbono es esencial para la integridad de la CDR. La coexistencia de estándares divergentes —definiciones distintas de CDR, límites de sistema, tratamiento de durabilidad y reversión— eleva costes, genera resultados inconsistentes y socava la confianza en los mercados. Se recomienda avanzar hacia estándares construidos mediante procesos inclusivos y colaboración global, alineados con la llamada del Global Stocktake a la integridad ambiental, transparencia y consistencia, para que la CDR sea herramienta creíble y no terreno de greenwashing.

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